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martes, 3 de enero de 2012

30 días, 30 libros (Cont)

Al parecer, para Gardel 20 años no son nada, lo difícil era volver... extrapolando el tema, y no habiendo otra cosa más útil qué hacer por el momento, podrían no ser nada los 10 numerales que ahora ofrezco para llegar a los primeros y únicos 20 que nos ocupan.  Sin embargo, y como quedara plasmado en el popular tango, guardo escondida una esperanza humilde / que es toda la fortuna de mi corazón, y no es otra cosa que la segunda parte de este ejercicio de memoria resulte una lectura atractiva para el viajero que huye el cual, tarde o temprano, detiene su andar. Ahí les va:

11. Uno que me haya motivado a visitar algún lugar: Algunos de los libros de factura india que he leído, desde el Kamasutra, pasando por el Ananga Ranga, hasta las novelas de Sándor Marái me han inoculado un deseo arraigado por conocer ese país oriental. Su rica filosofía lo abarca todo de tal manera que resulta irresistible, cuando menos, acercarse para echar un vistazo. Veremos si la fortuna me permite conocer este país de primera mano y sin intermediarios.

12. Una biografía: Vivir para contarla de Gabriel García Márquez. Un texto fascinante, como todo lo que escribe el gabito. Una mirada a la intimidad del ganador del Nóbel, en sus propias palabras y con su estilo inconfundible. Para mí, la lectura de esta autobiografía transformó no sólo lo que leí posteriormente de este autor, sino las lecturas previas. Macondo dejó de ser una pintura para transformarse en una fotografía vívida, fragmentada –quizás- por las múltiples experiencias de su ahora protagonista, pero una fotografía al fin. Nítida, clara, paradójicamente multidimensional.  

13. El primer libro que leí en la vida: Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Es un texto sencillamente sublime. En su tiempo, este libro me trajo muchos problemas (recién iniciaba el preescolar) pues no era concebible para la escasa mente de mi maestra el que leyera un texto tan complejo (según ella), que además no contaba con ninguna clase de apoyo visual. El punto es que, salvado este pequeño obstáculo, la lectura de Platero y yo siempre ha sido remanso de paz en la tormenta. Allí sigue, trotando alegremente por los campos de mi niñez. Insisto en que no es éste un libro infantil, como erróneamente se ha catalogado a este texto, pero qué bien le va a algunos niños… 

14. Uno que haya odiado hace años y hoy admire: Puedo decir que en su tiempo detesté El alquimista de Coelho; sin embargo, reconozco que la escritura de este autor carioca ha evolucionado con el tiempo y los textos recientemente publicados me agradan más que aquél, a pesar de su éxito de ventas y de todo el boom comercial que lo acompañó. También veo con nuevos ojos los textos de teoría literaria que en su momento me resultaron prácticamente incomprensibles. Así, Los géneros del discurso de Todorov fue toda una revelación… después que me gradué. 

15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniegue: Hasta el presente, ningún libro que me haya gustado me ha decepcionado en su relectura. Es probable que por eso siga leyendo con avidez.

16. Uno ruso que sí haya leído: Esculpir en el tiempo de Andrei Tarkovsky. Un hermoso conjunto de reflexiones sobre el arte, el cine y la estética. Lo que comenzó como un requisito para obtener la licenciatura se convirtió en una experiencia única a través de la cual tuve mi primer acercamiento al cine ruso. Tarkovsky presenta, por mediación de sus películas, una propuesta interesante para aquellos que no temen despojarse del unilateral punto de vista al que a veces nos somete el cine comercial, particularmente el norteamericano. Dicha propuesta se ve respaldada por las profundas reflexiones plasmadas por el realizador en este libro acerca de su profesión, el compromiso que requiere y las pasiones que desata… Casi una poética del cine.

17. Uno de este año: Este año es muy joven aún… Del año pasado (2011) el más reciente que leí (o comencé a leer) fue Humor con humor se paga. Este libro contiene artículos, pequeñas crónicas o cuentos breves, según se mire, que reflejan la cotidianidad venezolana de la última década en un registro humorístico. Con una prosa irónica, paródica, autores como Luis Britto García, Roberto Hernández Montoya, Carola Chávez, Earle Herrera, Régulo Pérez y William Osuna, por mencionar algunos, nos muestran sus impresiones de la Venezuela contemporánea, con sus polémicas y divisiones, sus problemas y sus contradicciones, pero también con su alegría y esa capacidad tan intrínsecamente venezolana de reírnos de nosotros mismos. Escrito en clave chavista, el texto constituye una interesante lectura también para aquellos opositores que no teman, o cuando menos toleren, la crítica. Espero conseguir la versión física del texto pues el libro digital me resultó finalmente incómodo de seguir sin el dispositivo adecuado. 

18. El que más veces he leído: Por cuestiones académicas, los textos que recuerdo haber leído en más ocasiones son La Ilíada y La Odisea, ello me llevó a seguir los clásicos griegos (teniendo  su rica y extensa mitología como hilo conductor) visto que, unos y otros están entrelazados en algún punto. Por motivos personales, siempre regresaré a Platero y yo. En esa misma categoría podría ubicar a Había una vez…de Herminio Almendros. El texto, de factura cubana, recoge cuentos, poemas y cancioncillas, tanto clásicos como de tradición oral. En mi caso, se trata de una reliquia familiar que ha sido transmitida de generación en generación. Fue el primer texto que me leyeron de niña y el que guardo con más celo. También podría añadir Alicia en el país de las maravillas, así como A través del espejo y lo que Alicia encontró allí de Lewis Carroll. Esta historia me ha fascinado desde siempre. En virtud de las múltiples versiones que he leído a las cuales, sin el menor prurito, les adicionan o eliminan personajes y escenas; me he avocado a la tarea de encontrar una versión tan fiel como sea posible al original.  

19. Uno que me haya sorprendido por bueno: Glamour para llevar de Margarita Zingg. Por regla general, suelo poner en duda aquellos textos que no han sido escritos por profesionales del medio. Sin embargo, una vez frente al estante, y para no ser prejuiciosa o, peor aún, prepotente, termino dándoles con frecuencia el beneficio de la duda, lo que me ha conducido a maravillosas sorpresas. Glamour para llevar destaca por el amplio dominio que poseen tanto la Zingg como su colaborador, Mario Aranaga, del mundo de la moda; así como por su habilidad para transmitir ese conocimiento al resto de los mortales, particularmente a aquellas personas que, como yo, nos acercamos a ese campo casi de manera tangencial. Este texto, que ya arriba a su cuarta edición, presenta a lo sumo un par de gazapos sintácticos inadmisibles, a mi juicio, para una editorial como Aguilar. Sorry.

20. Uno que me haya sorprendido por malo: Los caballeros la prefieren brutas de Isabella Santodomingo. La reputación de escritora prolífica y articulista que acompaña a esta autora, y actriz, colombiana sosegó en un primer momento mis cuestionamientos sobre este texto. No obstante, los defectos en forma, más que de fondo, hicieron de la lectura de Los caballeros… una experiencia agridulce. El contenido es atractivo (tanto como un título como ese pudiera sugerir) y resulta jocoso en determinados segmentos, sin embargo, hay errores sintácticos y de estilo que un buen editor (como cabría esperar de la editorial Grijalbo) bien hubiera podido corregir. En este sentido, no lo juzgo tanto por malo como por su falta de calidad editorial. Finalmente, ningún libro es malo, sólo está mal escrito.  

viernes, 30 de diciembre de 2011

30 días 30 libros

Dicen por allí que nunca es tarde cuando la dicha llega, y en este caso no puedo menos que aceptarlo como cierto, visto que, ahora que probablemente el mundo esté ocupado en otros asuntos, a mí se me antoja publicar mi lista en el marco del reto de los 30 días, 30 libros. Así, lo que presento a continuación son los primeros 10 textos, distribuidos conforme a las categorías previstas, en un proceso que, más que reflexivo, ha sido censurador pues mucho texto ha debido quedarse en el tintero. De esta forma, y como quiera que este ejercicio de memoria me hiciera dichosa durante un par de horas, procedo a actualizar esta plataforma tecnológica que, debido a múltiples razones que ahora no vienen al caso, se encontraba un tanto olvidada. Ahí van los primeros diez... 


1. Uno que leí de una sentada: Soy lectora compulsiva desde muy temprana edad. Más que en una sentada, he leído textos con profunda avidez en tiempos que resultan incomprensibles para otros “mortales”. Por ejemplo, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas fue leído en menos de una semana, también El Código Da Vinci de Dan Brown y Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. La enfermedad de Barrera Tyszka fue consumido en una tarde, como El Túnel de Sábato y los primeros tres tomos del Harry Potter de Rowling. Ahora, si se trata de perder totalmente la noción del tiempo, bastará con Quino y cualquier número de Mafalda. ¿Qué puedo decir? Algunas personas fuman, otras beben, ¿yo? Yo leo.
2. Uno que me demoré mucho en leer: El Silmarilion de Tolkien. Pocas personas saben que se trata de la biblia que explica el origen, o da sentido, por así decirlo, a la trilogía de El Señor de los anillos y a otra obra relacionada con esta saga: El Hobbit. La prolífica imaginación de Tolkien (quien para hacernos más complicadas las cosas hasta un lenguaje propio se inventó) nos lleva por caminos particularmente tortuosos en los cuales se nos relata la creación de Mordor, la Tierra Media y de todos sus habitantes, sin pasar por alto la(s) complicada(s) trama(s) que moldeó el linaje de cada ser (dios, humano, animal o cosa) presente en la trilogía. Es un libro complejo, sin duda, que requerirá más de una lectura superficial para poder apreciar, no sólo su valor intrínseco, sino el de las obras subsiguientes.
3.   Uno que sea un placer culposo: Soy fanática de las sagas, por ende, no fui inmune a los encantos de J.K Rowling y su Harry Potter o de C.S. Lewis con la colección de historias sobre ese fantástico lugar llamado Narnia. En el primer caso, me interesaba ver de qué forma podría Rowling mantener el interés a lo largo de los 7 tomos. En el segundo, simplemente me dejé llevar por el boom comercial que la historia (convertida en filme en ese entonces) generó en el público. Valga decir que la colección estuvo muy bien editada y se ve particularmente hermosa en mis estantes. (Snob, quizás, puedo darme ese lujo.)
4.   Uno que le gusta a todos (o a muchos) pero no a mí: Pedro Páramo de Juan Rulfo. Le pesadilla más tortuosa de todas las que hubiese podido vivir, la constituye sin duda la lectura de este texto que todos adoraron en secundaria y que yo detesté desde la página 1. Nunca comprendí el texto, me resultó particularmente denso y, en honor a la verdad, aburridísimo.
5.   Uno de viajes: Creo que para crear la noción de traslado o viaje, cualquier libro es bueno. Sin embargo, no recuerdo haber leído nada específico sobre el tema.
6.   Uno de un Nóbel: Gabriel García Márquez ejerce en mí una particular atracción. Su obra, la cual considero íntima (en tanto retrata con particular avidez determinadas realidades latinoamericanas) no falta en mi biblioteca. Me referiré, sí, aun cuando suene a cliché, a Cien años de soledad. Para mí fue sencillamente un reto intelectual la lectura de esta novela en la que, además de la trama principal, el linaje de sus personajes constituye un actor de importancia. Al fin de cuentas, se trata del gabo, del gabito, ¿necesito decir más?
7.   Uno muy divertido: Singles de Julia Seguí. Para los que entienden con cierta holgura el léxico popular español, este libro puede resultar bastante divertido. Constituye una interesante reflexión acerca de un fenómeno que se ha fortalecido en los últimos años: la soltería, abordado con absoluto desparpajo y plena conciencia de que se trata de un ejercicio de reflexión que raya en lo irrelevante; pero que, no obstante, contiene en su trasfondo mucho de verdad.
8.  Uno para leer por fragmentos: Amor. Selección de citas de Paulo Coelho. La editorial Grijalbo, por alguna razón que no atino a concretar, se hizo a la tarea de citar al archiconocido autor brasileño, recopilando para ello, particularmente, aquellos fragmentos contenidos en sus obras en los cuales el escritor se refiere o reflexiona sobre ese sentimiento denominado amor. Así, si uno tiene la batería baja en ese aspecto, o tiene dudas sobre lo que puede o no puede ser ese sentimiento, está en libertad de abrir este texto (que además fue editado en una cómoda y conveniente edición de bolsillo) y digerir un par de perlas de sabiduría… queda claro, además, que puede usted pasar por un asiduo lector de Coelho sin serlo, pues cada cita cuenta con la respectiva referencia. Lindo toque para presumir en aquellas veladas en las que los lectores no cuenten con un amplio currículum, ¿no?
9.    Uno con una excelente versión cinematográfica: En esta categoría debo citar una colección y una autora específicos. Por una parte está El señor de los anillos de Tolkien y su respectiva versión cinematográfica a cargo de Peter Jackson. La profunda riqueza de este texto ya es de por sí abrumadora como para imaginar la titánica tarea que supuso realizar la respectiva adaptación cinematográfica. En el entendido de que siempre algo se pierde del texto en su paso a lenguaje fílmico, resulta elogiable la labor efectuada por los realizadores del filme, pues lograron preservar lo importante y más representativo del texto y trasladarlo a la pantalla. En segundo lugar, pero no menos importante, se encuentra la obra Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, llevada a la pantalla grande en diversas oportunidades. En este caso, me referiré a la versión a cargo del novel director Joe Wright. En ella, llama la atención la modificación de ciertas escenas (y la supresión de determinados personajes) entre la versión fílmica y el texto original, sin que ello medre en la calidad o sentido de la obra. Muy por el contrario, creo que la visión de este británico aporta mayor calidez a la obra de Austen y acentúa características de ciertos personajes que bien podrían ser catalogadas como elusivas en la versión literaria. La dirección de fotografía es impecable y absolutamente hermosa.
10. Uno con una pésima versión cinematográfica: Troya. Sí, la Troya a la que se le hizo tanta publicidad por el guapo (¿?) Brad Pitt. Si la intención era deformar la historia clásica griega, lo lograron con este filme lleno del “american way of  life” en la constitución de sus personajes. Cualquiera que haya leído La Ilíada puede darse cuenta de que, de esta película, no puede decirse siquiera que está basada en ella. Las modificaciones son sustanciales, o más propiamente insustanciales. Esto hace de Troya una historia diferente que poco o nada tiene que ver con el texto griego. Sobre el filme sólo diré que se trata de una pobre puesta en escena en la que abundan los gazapos, ¿o de qué otra forma se explica que hubieran llamas en Troya y aviones? ¿O será que fueron los troyanos seres suficientemente avanzados como para viajar en avión a América y comerciar con animales?