Un espacio para dejar volar las ideas, sólo por el simple placer de atraparlas después, si es que vale la pena. No se admiten mediocridades, prejuicios ni lastres que medren el vagar de cualquier espíritu que se considere libre. Aquí no miramos hacia atrás más de la cuenta, pues el cambio es síntoma de evolución; más tarde, el espíritu rebelde le pondrá la "R" faltante, haciendo de la vida ese ejercicio constante de renovación de ti mismo.
miércoles, 25 de febrero de 2015
¿Por qué bailamos?
viernes, 16 de agosto de 2013
La H es muda... no invisible
martes, 24 de abril de 2012
EL ELEFANTE Y EL CIRCO
miércoles, 12 de octubre de 2011
Las reglas del juego
Hoy quiero concentrarme en la necesidad de no conformarse. Pues si bien tomar las riendas significa dar pasos hacia alguna dirección (no necesariamente hacia adelante, aunque eso sería lo ideal), tampoco es menos importante que esos pasos no se den a tontas y a locas... o sólo porque deben darse.
Creo firmemente en que, llegado el momento, deberás actuar, independientemente de si tienes el norte claro o no. Pero el sentido crítico juega aquí un papel fundamental para evitar que te desbarranques y el resultado sea aun peor que las circunstancias que te hicieron actuar en primera instancia.
Aceptar lo que la vida te pone en el camino forma parte del juego... Por fortuna, tenemos también el derecho a no tomar aquello que se nos ofrece, si es que no estamos del todo conformes. ¿Debo decir que sí a una circunstancia, acción, o situación sólo para acallar las voces (las del entorno y las internas, valga decir)? Una cosa es apostarlo todo por lo que deseas y otra, muy distinta, es correr el riesgo con una mano que, sabes, no va a dar resultado.
Sin embargo, humanos al fin que somos, muchas veces nos enfrascamos en las peores jugadas, seguros de recibir cada vez un resultado diferente (¡oh, Einstein cuánta razón hubo siempre en esa despeinada cabeza tuya!). Empecinados, seguimos apostando sin pensar, sin analizar... por instinto.
Hoy sé que no voy a ganar; mañana, quién sabe... Ese pensamiento nos mantiene vivos, en movimiento, o al menos así nos parece. Y justo cuando los dados caen, y una vez más el resultado nos es adverso, sucede lo peor que podemos hacer: conformarnos. Así es el destino, esa es la suerte...
Luego de los más recientes acontecimientos en mi vida, los cuales me han dado la fabulosa oportunidad de la perspectiva; estoy más que convencida de que, efectivamente, tal como lo afirmé hace algunos días, hay que dejarse de macanas y lanzarse al ruedo, pero hacerlo (y aquí va la más reciente reflexión) no está casado con la posibilidad de obtener el resultado que aspiras, en las condiciones en las cuales lo requieres o necesitas, ni tampoco supone modificar el resultado o las consecuencias que tal acto conlleven, sin importar cuánto lo desees...
De ser ese el caso, no desperdicies la maravillosa oportunidad de evolucionar, de crecer, de aprender la lección y pasar a la siguiente página. Si luego de tomar las riendas descubres que ese no era el camino, o no obtuviste el resultado que esperabas, haz algo inteligente -por Dios, hazlo- y asúmelo como una oportunidad de cambiar de rumbo, de adaptarte, más no te conformes... al fin y al cabo nunca sabrás si la próxima vez sea tu día de suerte...
domingo, 9 de octubre de 2011
Murmullos
Para L. F.
A veces hay que dejarse de macanas, como decía Mafalda y lanzarse... Así de simple: sin artificios, sin redes de seguridad, sin zonas de comodidad. A esa conclusión llegué hoy, luego de haber pasado tres días intensos reflexionando y leyendo entre líneas a este mundo que me alberga y me rodea. A tal decisión, desde luego, no se llega sin que ocurra primero una revolución, un sacudón emocional que te obligue a analizar tu situación actual y, consecuentemente, redefinir tus propios límites.
Cuestionarse, en este contexto, resulta la actividad más natural y también la más necesaria. Puedes pasarte el resto de la vida intentando buscarte a ti mismo a través de la religión, de la psicología, del autoconocimiento, o del proceso que creas más conveniente para cambiar aquello de tu vida que ya no deseas o con lo que no estás tan de acuerdo como podrías haberlo estado en otro momento; o puedes, en una simple tarde de viernes, frente a la seductora dulzura de un helado, dar al traste con ese que solías ser...
No creo que un proceso como éste que implica, necesariamente, conocerse (o quizás, más propiamente, redescubrirse) uno mismo, suceda en soledad. Se requerirá de otro que vea, irreductiblemente, lo que nosotros intuimos, que nos voltee el rostro de un tirón, haciéndonos ver lo que está sucediendo (o dejando de suceder) en nuestra existencia para que eche a andar la duda: ¿Es esto lo que quiero?
Configurar la personalidad de una persona depende de muchos elementos y requiere, desde luego, de toda una vida… y sin embargo, se necesitará de un par de horas, un minuto, una palabra para tomar la determinación de desechar todo aquello que ya no te define, y comenzar una nueva página, no mejor, ni peor, sólo nueva: diferente.
En mi historia, esa nueva página pasa por deshacerme de viejas concepciones y asumir la vida de una manera en la que el parecer de los otros deje de moldear mis decisiones. Y que conste que no se trata de dar al garete con la opinión de los demás (que algo de buena o de interesante tendrá, seguramente, espero) pero sí de que importe menos, de restarle peso y darle preponderancia a aquello que ha estado solapado, soterrado, palpitante y que, hasta el sol de hoy no había tenido una oportunidad. Esos murmullos del yo interno (llámese conciencia, o inconsciente, o ser espiritual, o como se le desee denominar) que constantemente te dice que lo que vives o lo que te acontece a diario no es suficiente, que debe haber algo más…
Se trata de bajarle el volumen al decir de la gente para escucharte a ti mismo. Al final de todo, siempre habrá alguien que tendrá algo qué decir de ti que no te hará justicia… Alguien siempre hablará, murmurará, señalará… y ése es, precisamente, en el que menos quiero pensar, al que hay que arrebatarle su poder y darle una lección: lo más sagrado de este mundo está en tu ser, seas quien seas. El más beato o la más pecadora, eso no importa. Siendo quien eres honras aquello que de sagrado, religioso o puro, haya en tu ser. Y, cuando menos yo, hacia ese norte quiero enfilar mis destinos. No puedes ser otro. Debes ser quien eres.
Actúa, siente, vive como quieras. No te arrepientas, aprende y sigue adelante… deja que el mundo señale, que hable… quizás entonces los murmullos acaben...
domingo, 19 de septiembre de 2010
MANUAL PARA EL SOLTERO(A) DE HOY

Dicho esto, puede seguir de largo y continuar con su vida sin haber leído estas líneas. Total, nada nuevo se habrá perdido y a mí no me molesta. Pero si por el contrario decide que vale la pena leer lo que sigue, pues pase y póngase cómodo. No prometo cambiarle la vida, pero al menos un rato diferente, eso sí puedo darle.
2) La segunda cosa que necesita admitir es que sí, efectivamente es usted un soltero o soltera. Repítaselo hasta que se lo tatúe en la pituitaria: estoy soltero o soltera. Esto quiere decir que usted no tiene pareja, perro que le ladre, peor es nada, ni ninguna otra forma de compañía de esta naturaleza. Si es soltero o soltera por obligación o por selección propia, no es mi problema y le garantizo que al 90% de las personas que lo rodean tampoco le interesa, pero ellos insistirán en que es así sólo por el simple placer de ocuparse de la vida de alguien más en lugar de la suya propia. Déjeme decirle: no hay nada de malo en ser soltero(a); lo que jode es tener que ir por la vida explicándole a los demás los pormenores del caso.
Entonces no explique, si es eso lo que le molesta. Póngase creativo, diga que se ha echado un amante espectacular, que se va a meter a gay, que forma parte de un grupo que realiza orgías todos los sábados y que por eso no tiene pareja fija. No puedo garantizarle que no habrá controversia o espasmos morales por su desparpajo, pero de seguro no volverán a molestarlo con cuestionamientos respecto a su soltería.
3) Usted es perfectamente capaz de seguir soltero(a) por sí solo. Hágase un favor: no acepte ayuda de terceros. Siempre habrá alguna persona que crea que conoce a alguien que sería perfecto para usted. Se lo digo ahora: no es cierto. Con ello sólo descubrirá que aquellos que dicen conocerlo no lo hacen en realidad, por lo que, al final de la velada, no sólo seguirá soltero sino que probablemente termine cuestionando esa amistad de tantos años que creía sólida y eterna.4) Si ya ha admitido su soltería, lo felicito. Tiene la mitad del problema ganado. El siguiente paso es aceptar que desea dejar de serlo. Seamos honestos, esas excusas del tipo: “es que a mí me encanta ser libre” o su similar “es que no me gusta sentirme atado(a)” no se las cree ni usted mismo. Más bien sea cónsono con sus anhelos. Póngase esa minifalda vertiginosa o esa camisa que lo hace lucir musculoso y láncese al ruedo sin miedos. Podrán tildarlo de promiscuo o de desesperado (según su estilo) pero jamás podrán decir que no lo intentó.
5) Ya tomó la decisión de salir al mundo, ahora prepárese. Como reza el dicho, de todo hay en la viña del Señor. En el largo camino que hay que recorrer en la búsqueda de una pareja usted se topará con toda clase de especímenes. Desde el engavetado que no ha salido del closet y que lo tiene a usted quizás como última salida, hasta la acosadora a la que no hizo otra cosa que darle la hora y que ahora lo asume a usted como una posesión personal. No olvide tampoco, si es usted una fémina, al aburridísimo cliché del hombre casado, que no tendrá reparos en seducirla (si es que invitarla de una y sin rodeos a ese famoso hotel de la panamericana puede llamarse seducción) todo con tal de obtener lo que desea. Tenga paciencia y no se desespere… ¡pero tampoco sea gafo(a)! No se crea aquello de que es único(a).6) Si lo suyo es el ciberespacio, recuerde: el papel (o en este caso, el código binario) aguanta todo. De la misma manera que usted mintió en su perfil, de esa misma forma le van a caer a muela. No se engañe. La bomba sexy que dice parecerse a Angelina Jolie y el papasito que se describe como el siguiente Brad Pitt sólo son reales en su imaginación, y son producto, además, de esas ganas que carga encima por dejar la soltería.
Finalmente, y si a pesar de todo su intención es seguir adelante, tenga confianza. Si bien es probable que no consiga nada en las primeras de cambio, al menos tendrá mucho tema de conversación para la próxima reunión social… esa a la que de seguro asistirá solo(a), harto(a) como está de toparse con tanto mamarracho junto.
lunes, 31 de mayo de 2010
LA DIFICIL COINCIDENCIA
Una noticia inesperada puede redefinir tus horizontes. Un suceso cualquiera puede estremecerte hasta niveles que creías imposibles en ti. Una palabra, un gesto, todo puede ser susceptible de convertirse en el momento de “tu vida”; empleando en estas seis últimas letras todo el peso de la trascendencia.
No obstante, y hablo a la luz de mi experiencia personal, el más difícil de los milagros que me ha tocado presenciar es el de la coincidencia. Al parecer, la compleja actividad de encontrar (y aquí el verbo es utilizado en toda su extensión) una pareja, un compañero de vida, tu media naranja o tu peor es nada, resulta especialmente esquiva para algunas personas. Y no me refiero tan sólo a la búsqueda y conquista, hablo de la parte de la cotidianidad, de la compatibilidad de caracteres, tan difícilmente lograda en algunos casos que puede dar al traste con la relación. Coincidir no puede ser considerado ya como un designio divino que pueda dejarse en las antojadizas manos del destino. Prueba de ello es el numeroso universo de páginas web dedicadas a propiciar esa coincidencia. Las páginas de solteros, asiéndose a las nuevas tecnologías, se han atribuido la tarea de juntar a las personas.
Con el argumento de la ciencia (si entendemos por ciencia una serie de algoritmos y códigos binarios que emparejan perfiles con marcada tendencia a la coincidencia) prometen encontrar por ti a la persona ideal, la más cercana a tus intereses (previamente vaciados en un formulario) y con la que no deberías –según esta “teoría”- tener inconvenientes para congeniar.
No pongo en duda la eficacia del sistema (sé, por contacto directo, de experiencias exitosas que comenzaron via web), pero quisiera llamar la atención sobre un hecho que resulta cuando menos alarmante. Por un lado, está la inminente necesidad de las personas de conectarse con otras, de establecer vínculos. Basta mirar un conjunto de perfiles al azar para percatarnos de que, en principio, hay una necesidad básica en todos: compañía. “Una persona con quien conversar”, “con quien pueda compartir las cosas de la vida”, “alguien que quiera estar conmigo de verdad”, son tan sólo algunas de las muchas frases, que en ese sentido, podemos leer en cada perfil.
Hombres y mujeres por igual, comparten sus penurias amorosas mientras rumian su soledad soterradamente, bajo el barniz quebradizo de la esperanza (para mí, es la verdadera necesidad de fondo la que habla) quejándose por no poder realizar la que podría parecerle, a otro grupo de personas, la actividad más sencilla del mundo: sociabilizar.
Por otro lado, pareciera existir una marcada tendencia al fracaso en lo que toca al encuentro personal y directo, que impulsa a estas personas a buscar, virtualmente, lo que no pueden conseguir en el mundo real. También conozco de casos en donde nunca ha existido contacto personal entre personas que pueden presumir de años de amistad, algunas, incluso, en términos bastante particulares. Tampoco resultan ajenas las anécdotas de infidelidades virtuales que han acabado con relaciones “verdaderas”, o cuando menos, seamos realistas, con prospecto de futuro.
Al margen de todo lo que pudiera decirse de las relaciones virtuales, considero que debe prestársele mayor atención a este fenómeno que está cambiando la manera de percibir el mundo en un gran número de personas (jóvenes y adultos), al punto de trastocar las propias leyes con las cuales nos hemos desenvuelto por siglos.
Así, es posible confesar prácticamente cualquier cosa bajo el amparo de la virtualidad, en tanto se callan verdades para un mundo real, prejuicioso y castrante, que sigue girando, ignorante de esa otra personalidad, que es libre y capaz de todo en un universo cuya única ley es la de los códigos binarios. Decir que te gusta mucho o poco el sexo, que sólo quieres una relación de una noche, que no te interesan las morenas o los gordos, es perfectamente válido. La consigna es entonces “no molestar”. Abstenerse si no se cumplen los requisitos. Como si este mundo pudiese entender de formularios y perfiles.
Coincidir no es, en lo absoluto, sencillo, pero la respuesta no puede estar en una búsqueda fragmentaria. No podemos saltarnos lo pasos y pasar a desagregar la posible relación por el número de coincidencias o estridencias escritas en un formulario. La delicada tarea de coincidir, aún con el riesgo del fracaso a cuestas, es uno de los más maravillosos milagros a los que podemos asistir. Sería terrible perdérselo por estar sentados ante el computador.
martes, 30 de marzo de 2010
De epifanías, oráculos y Ricky Martin
Quizás fue porque leí las declaraciones de Ricky Martin en relación a su homosexualidad, directamente de la fuente. Probablemente fue el hecho de que en una semana tengo al menos tres nuevos jefes y que haya perdido (término que utilizo a falta de uno mejor, al menos por lo pronto) al que hasta ahora había sido el mejor jefe que he tenido. Es más que lógico que haya podido ser por el excesivo calor que nos agobia en este maravilloso país del Caribe, pero lo cierto es que, sin importar mucho el motivo que le haya dado origen, fui testigo y protagonista de una epifanía.
“Conócete a ti mismo”. Estas palabras, mitológicamente sabias, nos han perseguido desde los mismísimos tiempos griegos cuando fueron colocadas en el frontispicio del templo dedicado a Apolo en Delfos, hasta llegar a la no menos polémica película de los hermanos Wachowski Matrix, en ese memorable momento en que Neo acude a visitar a su moderna versión de un oráculo que es trascendental.
Con oráculos o sin ellos, los seres humanos, incluso en estos tiempos de hoy en los que el progreso y la dudosa evolución del ser parecieran dar cuenta de lo innecesario de su presencia, seguimos buscando respuestas que no encontramos en la educación académica, en la religión o en cualquier otra actividad física o espiritual. Seguimos inmersos en esa búsqueda que puede resultar frenética para algunos, desesperante si se quiere, pero que paradójicamente le confiere a algunos una poderosa razón para seguir en esto que llamamos vida y de la que poco entendemos, ésa es la verdad.
En mi caso, ese conocimiento del que se habla en Delfos vino acompañado de un insomnio repentino, una noche cualquiera, de un día que había sido –hasta ese momento- poco fructífero en aprendizaje pero bastante prolífico en emociones.
El proceso de conocerte a ti mismo puede darse tan pronto como lentamente, puede tomarte toda una vida o unos minutos al momento mismo de nacer. Es lo que hacemos con ese conocimiento lo que realmente cuenta. Que cada quien debe afrontar su verdad y sus circunstancias, eso es harina de otro costal. Pero que deberíamos dejar de juzgar las verdades de otros antes que las propias, eso sí que debería ser una realidad sine qua non. Ricky Martin lo entendió, y así quiso compartirlo con el mundo. Un gesto que agradezco y respeto. Quizás esté allí el secreto de la anhelada felicidad, no sólo para él que se atrevió a tomar las riendas de su vida y de sus circunstancias, sino para todos los que transitamos el camino de la reflexión en búsqueda de la iluminación.
Por lo pronto, yo sostengo lo que he dicho siempre, en una simple frase que, como las palabras de Delfos (aunque menos pretenciosas, eso sí) aborda a todo aquel que llega a este blog, en el momento mismo en que se franquean sus puertas: el cambio es síntoma de evolución. Bravo por Ricky, por los que se atreven a afrontar sus oráculos –vengan de donde vengan- y por los que admiten su verdad como forma ineludible de avanzar en la vida, como una forma, en suma, de libertad.
viernes, 11 de diciembre de 2009
La vida continúa. A propósito de la vida, Sandro y las segundas oportunidades
Tras padecer una larga y degenerativa enfermedad, el popular (y muy apreciado por quien les escribe) cantante argentino Sandro, fue finalmente intervenido para recibir un triple transplante de pulmón y corazón que pudiera devolverle la vida, detenida en un respirador y en el claustro en el que se convirtió su propia morada a consecuencia del vertiginoso avance de su enfermedad.
Así, el intérprete, a sus 64 años, ha descubierto que la vida, la suya, esa que creía en el ocaso, continúa. Tras la aseveración, publicada en una de las muchas páginas web que ha cubierto el suceso en el país austral, no puedo menos que preguntarme: ¿Qué sucede con aquellos que no tenemos la excusa de una enfermedad degenerativa para justificar una vida detenida? ¿Cuál es la excusa para no vivir? ¿Para no asumir lo que sientes, lo que quieres o lo que no?
Ven quiéreme, sin temer, sin pensar...
Ven bésame, porque el tiempo se va…
La invitación, no menos sugerente, viene del mismísimo Sandro. Después, ver a Dios, nada más… Con unas sencillas palabras, ahora convertidas en credo, parece querer decirnos que todo aquello que hagas puede y debe ser ganancia, después de todo, lo único que tenemos es tiempo… y ese también se va.
La vida continúa es una canción llena de matices y verdades que no tiene desperdicio -a eso nos tiene acostumbrados El Gitano- que puede, en el momento preciso, hacerte cuestionar sobre tu vida y lo que has hecho para lograr que cada momento cuente.
pero la realidad es sólo una verdad,
la vida continúa...
La vida continúa… puedes repetirlo una y mil veces, el resultado será siempre el mismo: el tiempo seguirá su curso inexorable, inmutable, implacable. No se detendrá para que te tomes el trabajo de analizar tus acciones, para que decidas si ese es el camino que realmente deseas transitar, la carrera que quieres cursar, si estás junto a la persona ideal, si tienes el empleo de tus sueños, si posees aquello que realmente quieres. La vida va a continuar, contigo o sin ti, quieras participar de ella o no. El tiempo está, aunque no lo parezca, en tus manos, sólo que puede pasar si no te decides a actuar.
Esa es la verdad que Sandro, con su infinita sabiduría, nos regaló en su momento y que, sólo hasta ahora, gracias a esta segunda oportunidad que la vida le ofrece y a esas ganas renovadas, contagiantes, embriagantes que tiene por aprovechar cada minuto, he podido aprehender en toda su extensión y con todo lo que ello implica.
La sabiduría popular, la que pregonaba aquello de que no hay mejor momento que el ahora, finalmente encontró su lugar, y tuvo razón. Una canción sencilla, palabras conocidas, dichas no pocas veces, una verdad que se esparce a gritos, y se necesitó de un triple trasplante para que adquieran sentido… Ah, la vida, curiosa vida.
lunes, 24 de agosto de 2009
El traje de la reina
El que nuestra representante saliera con un vestido rojo, o blanco, o amarillo, o de cualquier otra tonalidad, debería no ser otra cosa que un detalle trivial, con un valor absoluto tan insignificante como el del tipo de tacón que vistió la hoy soberana aquella noche, o la marca de su ropa interior. No obstante, el que un manojo de necios se empeñen en conferirle a ese hecho una importancia mayor, llama sin duda a la reflexión.
En mi opinión, la corona que Stefanía obtuvo reviste una importancia mayor, si asumimos que el certamen, más que un evento que ocurre una vez al año, es el resultado de un trabajo acumulativo. Lo más importante del logro de nuestra reina de la belleza radica en que, esa noche, representó la cúspide de un largo trayecto, mismo que duró todo un año (si no es que más) en el cual hubo esfuerzo, lucha constante (más que personal de un gran colectivo), -bien en contra de las circunstancias adversas que pudiesen haberse presentado en su recorrido al Miss Universo, bien en contra de sí misma, de sus limitaciones personales y de otra especie-; pero en el que tambien hubo aciertos, aprendizaje y superación.
¿Orgullosa de su triunfo? Sí, de ser venezolana, de llevar la sangre aguerrida, tenaz, constante que llevan todas las mujeres criollas. Duélale a quien le duela, la belleza de la mujer venezolana es y será siempre notoria... Parecen ignorar, aquellos que ahora supuran por la herida, que esa belleza no viene de afuera, no se encuentra en los instrumentos quirúrgicos de los cirujanos plásticos, ni viene adosada a los eternos regímenes alimenticios y/o deportivos, no. Esa belleza viene de adentro, del coraje que forma a toda mujer nacida en esta tierra de gracia, de su forma de ver la vida, de su espíritu colaborador y solidario, del amor que profesa incondicionalmente a los seres que ama, de su sacrificio y de su lucha a flor de piel siempre que le son requeridos, viene de su espíritu indomable y de un corazón amoroso, abierto a todos, a veces incluso a costa de sí misma. Las mujeres venezolanas son hermosas, sean de un bando político o de otro; esas caracterísitcas que las han hecho tan distintivas, son finalmente, el único tratamiento de belleza que requieren, la marca registrada de este pais tropical.
Más que una corona, en lo personal, considero que Stefanía nos trae la mayor reivindicación posible: el triunfo de la constancia, por encima de todo y de todos. Y ese triunfo, sin lugar a dudas, no se viste de ningún color.


